Filosofía Práctica

El Quijote


El falsacionismo de Karl Popper



Mauricio Enríquez Zamora

27 de diciembre de 2016





Karl Popper es uno de los filósofos de la ciencia más distinguidos del siglo XX. Nació en Viena, en 1902, donde estudió ciencias y filosofía. Algunas de sus obras más importantes en el campo de la epistemología son “La lógica de la investigación científica” (1934) y “Conjeturas y refutaciones” (1963); por otro lado, escribió también “La sociedad abierta y sus enemigos” (1945), donde plantea una crítica al historicismo.

Aunque su epistemología ha sido frecuentemente confundida con la del Círculo de Viena, guarda respecto de él diferencias radicales. La principal de ellas es en relación con lo que Popper llama el criterio de demarcación, que es lo que posibilita distinguir a una teoría científica empírica de una teoría metafísica: aquellos consideraban a la inducción, mientras que Popper considerará a la “falsación”.

Pero, antes de ahondar más en este tema, veamos la cuestión del “problema de la inducción”, que está íntimamente relacionado con el de la demarcación y la falsación. Popper mismo plantea el problema de la inducción de la siguiente forma:

Se conoce con el nombre del problema de la inducción la cuestión acerca de si están justificadas las inferencias inductivas, o de bajo qué condiciones lo están.
El problema de la inducción puede formularse, asimismo, como la cuestión de cómo establecer la verdad de los enunciados universales basados en la experiencia -como son las hipótesis y los sistemas teóricos de las ciencias empíricas.
1

Tal problema no tiene una solución o, en otros términos, en realidad es un pseudoproblema. La experiencia por sí misma no es capaz de definir la verdad universal de un enunciado. Por ejemplo, el hecho de que toda mi vida haya visto solamente cisnes blancos no es una evidencia concluyente del enunciado universal “todos los cisnes son blancos”, puesto que un único contraejemplo (un cisne negro) que pueda presentárseme invalidaría tal juicio.

Por otra parte, el intento de salvar la lógica inductiva diciendo que las conclusiones de ésta no son verdades universales, sino sólo altamente probables, no hace sino complicar más el problema de la inducción, “pues si ha de asignarse cierto grado de probabilidad a los enunciados que se basan en inferencias inductivas, tal proceder tendrá que justificarse invocando un nuevo principio de inducción...”2. Y este nuevo principio tiene pretensiones de validez universal que a su vez tendrían que justificarse inductivamente, etc. Nos hallaríamos ante una regresión infinita.

Según Popper, Kant trató de eludir este problema al atribuir al principio de inducción una naturaleza “a priori”, que se halla en la base de la construcción racional del conocimiento humano, y que por ende no puede evitarse. No obstante, Popper se opone a toda idea que surja de la lógica inductiva. En su lugar, nos propondrá una contrastación deductiva de hipótesis y teorías.

La contrastación deductiva se puede ejecutar de cuatro maneras diferentes. En una primera forma se comparan “lógicamente” las diversas conclusiones que la teoría pueda tener, esto con el fin de ver su consistencia, es decir, que no albergue alguna contradicción lógica interna. Una segunda forma es la determinación del tipo de teoría, si es empírica o si es tautológica. La tercera consiste en compararla con otras teorías, con el fin de saber si constituye un adelanto científico en caso de sobrevivir a dichas contrastaciones. Y, por último, está “contrastarla por medio de la aplicación empírica de las conclusiones que pueden deducirse de ella”3.

En todas estas contrastaciones existe una teoría antes que la experiencia contrastadora, no se trata de una inducción “pura”. Se tratan de corroborar las consecuencias lógicas de la teoría bajo estudio, sobre todo aquellas consecuencias que parezcan contradecir a teorías establecidas. Si se corroboran, la teoría no se rechaza, pero se mantiene no como una verdad cierta, sino como una explicación plausible que pudiera ser refutada en el futuro. Según esta manera de proceder en la validación del conocimiento, no hay una verdad absoluta, sino sólo una aproximación a la verdad, manteniéndose abierta al cambio al sustituirla por otra más adecuada.

Íntimamente ligado a esto se halla el problema de la demarcación, que es definido por Popper así: “Llamo problema de la demarcación al de encontrar un criterio que nos permita distinguir entre las ciencias empíricas, por un lado, y los sistemas metafísicos, por otro”4. Para los filósofos positivistas, este criterio estaría expresado en su principio de verificación. Para ellos, la contrastación con los hechos observables es lo único que nos libra de sostener aseveraciones metafísicas, ya que éstas no se refieren a hechos observables. En cambio, Popper adopta la falsación como criterio de demarcación. Así, una teoría puede ser identificada como científica si es susceptible de falsación. Bajo este criterio, cualquier otra forma de conocimiento que se nos presente investida de certeza absoluta no debe ser tomada como un conocimiento científico.

Este criterio de demarcación pone de relieve el carácter “provisorio” de todo conocimiento y nos inmuniza hasta cierto punto contra el dogmatismo. Hace de la verdad una mera idea reguladora y mantiene al científico en una permanente actitud crítica ante sus propias ideas, que deben tomarse siempre como simples conjeturas. Algo muy pertinente cuando se trata de investigar la sociedad, porque es en este campo donde las ideas dogmáticas tienen las consecuencias humanas más devastadoras.

En fin, para Popper, el conocimiento científico avanza gracias a la eliminación de los errores de las teorías precedentes, por medio de un proceso negativo, en lugar del proceso positivo de la verificación que pretende atribuir una verdad absoluta a tal o cual hipótesis o teoría.


Notas:

1. Popper, K. La lógica de la investigación científica. p. 27.

2. Ídem, p. 29.

3. Ídem, p. 32.

4. Ídem, p. 34.


Bibliografía.


1. Popper, K. La lógica de la investigación científica. Tecnos. Madrid. 1962.
Link: La lógica de la investigación científica.






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