Filosofía Práctica



Bachelard: la noción de "obstáculo epistemológico"



Mauricio Enríquez Zamora

5 de junio de 2016 | Descargar PDF


La epistemología, como disciplina filosófica encargada del estudio de la Ciencia, tiene también entre sus formas de proceder el análisis de los factores subjetivos, o psicológicos, que se involucran en la construcción del conocimiento científico. Desde sus primeros exponentes, entre los cuales podemos contar al filósofo inglés Francis Bacon, ha habido ya esta discusión sobre los prejuicios de la mente humana que no permiten ver la verdad que subyace a los fenómenos de la naturaleza.

Bacon llamó a estos prejuicios que embargan el espíritu humano con el nombre de ídolos: “Los ídolos y las nociones falsas que han invadido ya la humana inteligencia, echando en ella hondas raíces, ocupan la inteligencia de tal suerte, que la verdad sólo puede encontrar a ella difícil acceso [...]”1 Algunos de estos ídolos son inherentes a la constitución natural del ser humano, mientras que otros son adquiridos en la vida común, en la educación o la vida social, o bien en las circunstancia peculiares de la biografía de cada quien. Otros, en cambio, residen en las propias teorías o postulados de la ciencia o la filosofía, cuando se asumen sin una crítica adecuada.

La exposición y el análisis baconiano de estos prejuicios de la mente humana constituye un buen antecedente de lo que se ha reflexionado en torno a las condiciones psicológicas que se involucran en el desarrollo del conocimiento. En nuestra época, no se ha desistido totalmente de hacer este tipo de análisis, ahora bajo la luz que el desarrollo de la psicología nos ofrece. Ejemplo destacado de esto es la obra de Gastón Bachelard La formación del espíritu científico.

El tema central de este texto de Bachelard es la exposición de las diversas formas de obstáculos epistemológicos con que puede tropezar el investigador científico. Éstos, no residen en factores externos, sino en la propia subjetividad del investigador:

[...] es en el acto mismo de conocer, íntimamente, donde aparecen por una especie de necesidad funcional, los entorpecimientos y las confusiones. Es ahí donde mostraremos causas de estancamiento y hasta de retroceso, es ahí donde discerniremos causas de inercia que llamaremos obstáculos epistemológicos."2

En principio, dice Bachelard, poseer un espíritu científico es luchar contra la "opinión" (ese saber de sentido común) así como contra toda actitud que implique el no pensar bien. Este no pensar bien no se caracteriza por otra cosa distinta a aceptar las respuestas establecidas, en vez de plantear nuevas interrogaciones. Pues el verdadero espíritu científico se construye a partir de preguntas, no en la conformación con las respuestas.

La noción de obstáculo epistemológico puede ser aplicada tanto en la configuración de una historia de las ciencias como en la práctica educativa, que no es más que la forma en que se internaliza la cultura científica propia de cada época histórica. No obstante, su aplicación en estos ámbitos sufre de ciertas oposiciones. En el ámbito de la historia, por ejemplo, nos encontramos con que los historiadores, preocupados más por la recopilación de los hechos científicos no hacen de ellos una interpretación epistemológica basada en la noción de "obstáculo". Esto obliga a la conformación de grupos de historiadores y epistemólogos trabajando en conjunto (interdisciplinarios).

Por otro lado, en el ámbito educativo, la resistencia principal se da por parte de los docentes, reacios a modificar su práctica pedagógica por una en la que se busque concientemente, no que el alumno adquiera un conocimiento como si fuera un depósito vacío que es llenado o una página en blanco en donde se empieza a escribir, sino que se busque modificar sus esquemas mentales empíricos previamente adquiridos por unos verdaderamente científicos. Bachelard pone de relieve esta diferencia de objetivos en la práctica educativa dando a su vez un ejemplo. Menciona el equilibrio en los cuerpos flotantes en el seno de un líquido. El sentido común atribuye al cuerpo una actividad, como si nadara, y no imagina siquiera alguna participación del agua en el fenómeno. Cambiar este esquema mental debe ser el objetivo de la educación científica: "Es entonces, bastante difícil hacer comprender el principio de Arquímides, en su asombrosa sencillez matemática, si de antemano no se ha criticado y desorganizado el conjunto impuro de las intuiciones básicas"3.

Esta noción de obstáculo epistemológico lleva a tomar conciencia del espíritu o actitud que debe tener todo aquel que pretenda acceder a la verdad de las cosas: poner en crisis sus propias ideas o representaciones, salir de ellas y juzgarlas, para poder ver con otros ojos la realidad que tiene frente a sí.

Su aplicación, concretamente en el campo de una pedagogía de la ciencia, puede ser de una gran utilidad en sociedades como la nuestra, caracterizadas por el fracaso educativo y una casi nula producción científica o creación tecnológica.






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