Filosofía Práctica

El Quijote


Vida y poesía de Homero



Amadeus Estrada Cázares

23 de octubre de 2016





Introducción.

Homero [VIII/VII, ANE (Antes de nuestra era o antes de cristo)] fue un poeta griego, pero más que un poeta fue el poeta por excelencia, y aunque nunca pronunció palabra alguna sobre sí mismo, sus escritos funcionaban como modelo de moral y religión, pero no contienen estos escritos mandato alguno de creer en lo que está diciendo, entonces ¿de dónde sacaban su “fuerza moral” o mejor: su capacidad de convicción? Eso se verá en el transcurso del trabajo. [Algunas obras se citan con abreviaturas, en la bibliografía se aclara a qué texto corresponden]

1) Vida de Homero. Poco es lo que se sabe de cierto de este poeta, ya se mencionó la fecha aproximada de su nacimiento, ésta no hace posible que él mismo haya presenciado la guerra de Troya. Incluso estos datos son dudosos, pues se ha negado la existencia de Homero, hay quienes creen que la obra del poeta es la unión de muchos otros poetas y que no existió, por tanto, un Homero como tal. Siete ciudades (incluso más) se disputaban ser la patria de Homero: Colofón, Esmirna, Quíos, Ios, Salamina, Tesalia, o es hijo de una musa (Calíope) [Vida I: 4] o de Telémaco [Certamen: 38-42] también los de Atenas y los de Rodas dicen que nació allá, y un largo etcétera. Este poeta, se dice en una biografía atribuida a Herodoto, nació con el nombre de Melesígenes, por haber sido concebido en la ribera del Meles, luego su madre Cretéis se casó con Femio, quien le enseñó el arte de la poesía, y se enteró el vate de las hazañas de muchos héroes al realizar algunos viajes, sufrió un mal de los ojos y finalmente quedó ciego, pasa por la ciudad de Neontico “De allí va a Cime y, habiéndolo recibido con gran entusiasmo pide ser mantenido a costa de la ciudad, prometiendo en cambio componer versos en honor de ella; reúnense los senadores y, como uno de ellos dijera que se agotaría el tesoro público si daban acogimiento a todos los ciegos (ὁμἠρους), se lo niega, y Melesígenes, a quien desde entonces se llama Homero ( Ὅμηρος) encamínase a la Fócide y al salir de Cime profiere esta imprecación: «No aparezca jamás en este país ningún poeta ilustre que pueda celebrarla»” (Obras: pág. XXIII), sobre esto hay varias versiones, en todo caso Homero Sigue realizando viajes, se mantiene con su poesía, hasta que conforme a lo que advirtió el Oráculo le ocurre una desgracia, le pregunta a unos niños qué habían logrado pescar, y le dicen: “Cuanto cogimos lo dejamos, cuanto no cogimos nos lo llevamos queriendo decir enigmáticamente que los piojos que habían cogido, tras haberlos matado, los había dejado, mientras que los que no habían cogido los llevaban en sus vestidos. Ante la imposibilidad de interpretarlo, Homero de desánimo murió. Tras haberlo enterrado los ienses con magnificencia, grabaron el siguiente epitafio en su tumba: Aquí la tierra cubre la sagrada cabeza que glorificó a los héroes, al divino Homero. Finalmente muere y es enterrado en Ios” (Certamen: 325-337).

Muchas dudas quedan; ¿existió realmente Homero? ¿Qué importancia tienen las diversas noticias que sobre él circulan si no se sabe nada de cierto de éste? Homero, como muchos otros personajes de los que no se tienen pruebas, es muy real independientemente de su existencia como “individuos”, pues sus obras educaron a Grecia, en el sentido de que le dieron una impronta, un impulso a desarrollarse y a ser de un modo específico. Por lo mismo es importante saber cómo veían a este singular hombre; ciego porque el ciego podía entender cosas que los que veían no, o por el hecho de que los dioses dan algo y quitan otras cosas, pues nadie es bueno en todo: sabiduría por vista, además era aventurero y viajante, inspirado por las musas. Todas las obras épicas le eran atribuidas a este autor, aunque por lo regular se reconoce ahora que solamente la Ilíada y la Odisea pueden proceder de un mismo “autor”. Homero es importante porque fue el modelo para la creación poética, para comprender a los dioses y a la realidad humana, y esta fama, y la extensión de su autoridad hasta hacerlo sinónimo de toda poesía épica así como el hecho de que haya recibido honores divinos, no logran sino apoyar esta posibilidad. Al respecto recuérdense las palabras de Heráclito el Homérico [distinto al filósofo de Éfeso]: “Ya desde su más temprana edad, los niños que hacen sus primeros estudios son alimentados con las enseñanzas de Homero, y amamantados con sus palabras, como si absorbiéramos la leche de sus versos” (Alegorías de Homero: 1, 5-6)

2) Obra A) Introducción a la Obra de Homero.

I. A Homero le fueron atribuidas: La Ilíada, la Odisea, la Batracomiomaquia, treinta y tres Himnos o Proemios, preludios a la recitación épica, diecisiete composiciones cortas o Epigramas, el Margites, y aún el poema Cércopes, el Canto del Mirlo, la Cabra siete veces trasquilada, la Psaromaquia y todos los Poemas Cíclicos; aventuras que tratan de lo ocurrido antes, después y entre la Ilíada y la Odisea (Obras: pág. XXVIII), Aquí se realizará un análisis de la obra de Homero primero en términos generales, para posteriormente tratar de comprenderla en profundidad.

II. Conocidísimas son las palabras con las que se inaugura la Ilíada: “Canta, diosa, la cólera aciaga de Aquiles Pelida” (Ilíada(a): I,1). La cólera de Aquiles o Aquileo, hijo de Peleo (por eso Pelida), nieto de Eaco (Eácida), es con lo que comienza la Ilíada no con el asedio a la ciudad de Troya o las causas de la presencia del ejército aqueo, argivo (“griego”) se encuentre en la playa cercana a Troya [el famoso rapto de Helena], sino con la cólera de un héroe que será el núcleo simbólico de la obra, toda la historia lleva hacia la destrucción de Troya; ésta ya se sabe que ocurrirá de antemano, lo interesante más bien es el cómo. Agamenón líder de los panhelenos, argivos, dánaos o aqueos (los “griegos”) decide no regresar a la hija de Crises (sacerdote de Apolo) a cambio de un rescate a su padre, éste pide venganza y Apolo la concede causando una enfermedad entre los aqueos. Calcante, el augur o adivino dice que ahora tendrán que regresar a la hija (Criseida) sin rescate para aplacar al dios y así proseguir la empresa de recuperar a la esposa de Menelao hermano de Agamenón que fue tomada por Paris hermano de Héctor, quienes son de Troya y la defienden. Agamenón pide que le otorguen otra recompensa para no quedar con menos, y Aquiles responde que eso sería injusto pero que le darán otra mayor si conquistan Troya, Agamenón se siente retado y dice a Aquiles que le quitará a su querida Briseida si le place, Aquiles enojado vacila sobre si es mejor matarlo, pero Atenea le jala suavemente el cabello y lo insta a que no lo haga, el héroe no mata a Agamenón, pero lo amenaza; ya se dará cuenta de lo necesario que es Aquiles. Se llevan a Briseida, después de esto Aquiles cuenta sus pesares a su madre la diosa Tetis y le pide que vaya con Zeus por si recordando viejos favores que su madre prestó al dios, éste concede el que los aqueos sufran y se vean forzados a suplicarle. Zeus accede, los dioses contrarios a Troya no se sienten felices con esta decisión pero no se pueden oponer, aunque lo intentan. Después se da una serie compleja de enfrentamientos de potencias divinas entre ellas, y de mortales entre sí donde la presencia de los dioses es fundamental, los aqueos sufren y llegan a suplicar a Aquileo, quien no cede, aunque después manda a su amigo Patroclo y a sus hombres para reforzar a los helenos, pero Héctor campeón troyano mata a Patroclo el amigo más fiel y querido de Aquileo, éste furioso se dirige a vengar a su compañero. Aquileo logra matar a Héctor, se lleva su cadáver para ultrajarlo, sin embargo el rey troyano Príamo va a intercambiar a su hijo por un rescate, y aunque Aquiles accede porque así lo piden los dioses, no puede dejar también de enternecerse por Príamo, quien le recuerda a su anciano padre, mientras Príamo aunque triste, no puede dejar de admirar la apariencia de Aquileo, finalmente éste concede a Príamo un plazo para que realice los funerales a Héctor, “Así celebraron los funerales de Héctor, domador de caballos” (Ilíada (b): XXIV, 804). “La Odisea, por su parte, trata el retorno de [Odiseo] a su patria tras la guerra troyana y cuánto, errabundo, en su regreso soportó y cómo se vengó de los que acechaban su casa” (VidaII, 4).

¿Qué podemos encontrar de común en estas narrativas? La presencia inequívoca de los dioses, el protagonismo de los héroes, la certeza de un tiempo en que los héroes eran más fuertes y mucho más similares a los dioses que los hombres más débiles que los del tiempo del poeta e incluso mejores que los del tiempo de Troya (el ilustre Heracles/Hércules, Teseo, los lapitas, quienes aniquilaron a los centauros, etc.), ciertas fórmulas o repeticiones que tienen que ver con la necesidad de técnicas de rememoración, así como el aspecto ritual y sagrado de estos textos, por lo que pese a su enorme valor literario no son literatura, para un griego no podían ser sino la transmisión de la presencia real de los dioses, sin embargo hay quienes dicen que los cantos que componen la Ilíada proceden de una mescolanza de diversos autores, y aunque es cierto que los poetas tomaban su material en aquellos tiempos de lo que dijeron otros, no es poca creatividad el retomarlos y ensamblarlos para crear una historia, si se piensa con detenimiento el que haya habido un genio tras la Ilíada o la Odisea o dos que hayan reunido el ingenio de innumerables poetas en un todo bastante coherente no es de ningún modo algo despreciable, pues la teoría de que es un montón de pedazos de poemas unidos torpemente no parece muy sólida, sino que La Ilíada y la Odisea parecen tener un grado significativo de unidad. Analizando el contenido hay que hacer notar que: El protagonista de la Ilíada (Simone Wiel) es la fuerza que se enseñorea de los hombres y los destruye o encumbra sea cual sea su grado actual de poder o dignidad, ésta es la equivalencia final y fatal de todos los mortales, la igualdad ante la muerte, entre tanto los dioses se manifiestan en un momento o en otro pero de la muerte no hay salvación (salvo raras excepciones) ni siquiera gracias a los dioses, esta verdad fundamental es más poderosa que las correrías de Odiseo; aquel héroe industrioso y artificioso, su aventura no está sustentada en tal verdad fundamental, sino que la presupone: Odiseo no tendría palacio al cual regresar ni dioses que venerar a no ser por la guerra y la muerte, que hacen a algunos esclavos y a otros señores [Heráclito de Éfeso (Los filósofos presocráticos: pág. 347)], por eso la Ilíada es más fundamental (esa es mi opinión sobre tan discutido tema), pero para comprender el significado de estos mitos es necesario postular parámetros distintos a los actuales para concebir la realidad.

B. Mito y verdad (Basado en Hübner, 1996). I) Espacio y Tiempo mítico. Hay que insistir, la comprensión de la Ilíada o de la Odisea es mítica, un autor explica esto citando el término “mito” en griego; “La voz μῦθος –que no quiere decir otra cosa que «palabra» significa originalmente la palabra que habla no de lo pensado sino de lo real” (Otto, 2007: 30), ¿cómo era esta palabra o este discurso que mostraba la verdad para las culturas cuyo devenir estaba determinado por éste? La comprensión de la realidad no estaba en el sentir del mito sometida a los mismos parámetros que la nuestra (insisto al respecto), para nosotros, y basándonos en una mentalidad más o menos científica podemos decir que el espacio tiene un sentido neutral: lo mismo son las direcciones derecha e izquierda, arriba y abajo, además el tiempo sigue una sucesión, en términos general lineal que no se repite. Para los griegos o para la mentalidad mítica en general el espacio tiene un significado particular, el cual adquiere en relación al numen, a la divinidad que allí habita; los númenes o los dioses tienen su asiento, su lugar en el anchuroso Olimpo, que no está situado en un punto específico del espacio, pues resulta inalcanzable, ni sus mansiones [las de los dioses] pueden ser localizadas, a no ser que las mismas divinidades lleven a alguien allá. El tiempo humano está sacudido en ocasiones por la llegada de un tiempo inmortal e imperecedero1, la presencia real de los dioses que se presentan cuando hay gran peligro o cuando una decisión difícil se presenta ante la vida, al sentir una alegría que abarca todo lo real (Afrodita), al tomar una decisión que contiene la ira (Atenea), etc., esta fuerza se presenta en el hombre, y ambos actúan al unísono.

El tiempo mítico no es preciso, así como no lo es tampoco el espacio; cada lugar tiene un significado y un modo específico de ser porque allí actúa un dios o un ser divino: en las fuentes las ninfas, los lugares donde Apolo es venerado están impregnados por su presencia, si cambia el dios que actúa cambia el significado del lugar y su ser, ya no es el mismo lugar [propiamente hablando] cuando actúa en él otro dios, por otro lado también existe un influjo que tiene el propio lugar: los lugares pueden tener una fuerza maravillosa que causa piedad, y el respeto por ese sentimiento en bosques o en cuevas es sagrado para el griego y puede ser la fuente de la veneración y de actividades como la adivinación [la mántica] (Martin, 1977: 21-22). El tiempo que se da en lugares y experiencias particulares es igual, cuando se presenta Ares/Eniolao o Zeus siempre se presenta de la misma manera, aunque sus apariciones pueden ser de infinitas formas, el tiempo en que sucede un acontecimiento divino, de algún modo está fuera del tiempo común, es algo que se repite y exige reverencia y ritualización. La realidad se explica siempre por la presencia real de un arjé o un “principio” numinoso (“divino”); los cuales se organizan por relaciones de afinidad; celestes terráqueos, etc.

II) Dioses. En cuanto a los dioses “mayores” que habitan en olímpicas moradas (los olímpicos), éstos no estaban para consolar o para otorgar la vida eterna, su función era celebrar banquetes y ser felices allá a lo lejos [una lejanía imprecisa], mientras los humanos la raza de un día, los seres más infelices que hay, gozan porque existe algo lejos que es feliz, que siempre lo será y cuya vida es fácil, aunque incluso sobre los grandes dioses se cierna siempre la existencia de fuerzas irreductibles a su poder. La presencia de las entidades divinas se tornaba muy real cuando el hombre sentía identificarse con el dios o sentía su acción, entonces de algún modo podían consolar la divinidad, pero por el hecho de la felicidad del dios, no la del hombre, eso es lo que consuela, por otro lado los dioses de la tierra (como Gea o en cierto sentido Dionisio) también exigían sus derechos, igualmente que los muertos, los mismos dioses olímpicos no dejan de presentar a veces, sus aspectos más terribles y menos luminosos.

III) Hombres. El hombre vive sometido a la muerte y encuentra en ésta su realidad más inmediata, particularmente cuando se desenvuelve en el entorno de la guerra, su destino, lo que ha determinado la Moira o el Hado es que ha de morir necesariamente, esto lo separa para siempre de los dioses, la mayoría de las personas, el grueso de la gente no recibe un trato particularmente importante, sino sólo los héroes: Tersites se atreve a recriminar con duras palabras al líder de la coalición que va a Troya, a Agamenón hijo de Atreo, sus palabras tienen un curioso paralelismo con las usadas por Aquileo, pero él es golpeado por Odiseo por atreverse a realizar esta afrenta. Por ser un simple advenedizo que habla con palabras fuertes aunque no tenga posesiones ni dominio, por esto Tersites presenta un punto de vista muy interesante.

IV) Otros. Los héroes pueden ser humanos o semidivinos, pero tienen una gran importancia pues sus gestas son relevantes, serán recordados por los hombres, el poder ser cantados puede resultar un gran mal, pues sus sufrimientos no pararán, la memoria humana los reproducirá una y otra vez, sin embargo el recuerdo es también el mayor consuelo para el hombre, por ser recordado todo cuanto han hecho, esto que hicieron no se perderá ni morirá, por eso era tan importante al guerrero tener un cantante que lo rememore, pues en eso consiste su inmortalidad, pero también las esposas de los combatientes, sus hijos y amigos estarán contenidos en los cantos. Además de los semidioses hay monstruos como los centauros; mezclas de lo humano y lo animal, transgresión de ciertas determinaciones consagradas, pues todo en el mundo mítico está sometido a determinadas metamorfosis [aunque no arbitrarias], de modo que las divisiones rígidas no son absolutas ni apropiadas al pensamiento mítico.

C) La Ilíada y La Odisea. Sobre estas obras se ha discutido mucho cuál es su sentido y relevancia: “yo oí a alguien muy versado en penetrar el pensamiento de los poetas, que toda la poesía de Homero es una alabanza de la virtud fuera de lo accesorio para adornar el relato” (San Basilio: 45), o quieren hacerlo sabio en las más arduas cuestiones ontológicas y físicas, pero la estructura de Homero es, propiamente mítica, del modo en que ya ha sido caracterizada; los dioses se presentan cuando los hombres de alguna manera están actuando en afinidad al dios que corresponde y están presentes en lo que les es afín y se separan de lo que les es hostil, sin embargo esto de algún modo se extiende en toda la realidad; aquello que es cada uno impregna incluso las “posesiones”, por ello cuando Aquiles pierde su armadura lo lamenta tanto; fue regalo de los dioses y es una desmesura, una falta de “pudor” que alguien se haya atrevido a tomarla, de un modo similar se explica que a los héroes tenían que quemarles sus pertenencias, para que de ellos no quedara un rastro, y no fueran rechazados por los muertos de camino al Hades, así podían verdaderamente morir, pasar al Hades, al reino de lo invisible, mientras quede un residuo visible de lo que es, un muerto no puede morir del todo, queda atrapado en un estado entre la vida y la muerte. No sólo en esto se nota la presencia de lo mítico: La misma guerra de Troya no fue decisión de los mortales, sino de la interacción de fuerzas divinas [Por ejemplo, dice Príamo a Helena: “No eres tú la culpable; los dioses lo son, que movieron esta guerra luctuosa entre aqueos y todos nosotros” Ilíada(a):164-165], aun así cada hombre en una medida o en otra puede atraerse una retribución o no, dependiendo de si sobrepasa sus límites, los límites fijados por la Moira que se establecen por las afinidades míticas entre las cosas; el hombre no puede ser como los dioses y no puede pretender lograrlo todo y destruirlo todo, este fue el momento fatal de Héctor, cuando salió de sus límites, pero hiciera lo que hiciera el momento de la muerte ya estaba fijado, Aquiles lo mata y en el momento de la muerte no hay dios que acompañe [“Cuando por cuarta vuelta llegaron a los manantiales las balanzas de oro tomó el Padre y puso en las mismas las dos suertes aciagas de la funestísima muerte, la de Aquiles y de Héctor el gran domador de caballos, la cogió por el centro y la alzó, el fatal día de Héctor hasta el Hades bajó; y retiróse de allí Febo Apolo” Ilíada(a): XXII, 208-213], a diferencia de lo que creen ciertos críticos que serán mencionados al final, los dioses no están en todo momento tomando una decisión por los héroes, los pueden dejar solos y los héroes resienten esa falta, pero incluso después de la muerte pueden preocuparse por aquello que del héroe queda; su recuerdo, su familia… En el caso particular de Héctor los dioses determinan la devolución del cuerpo de Aquiles, pero a este héroe no lo convence sólo el dictamen de los dioses, sino la dolorosa similitud de Príamo con su padre, sustentada en la mortalidad que compartimos todos, pues la vida es [como dice Aquiles] algo invaluable: “Para mí nada puede jamás compararse a la vida, ni lo que, dicen, hubo en Ilión, la ciudad populosa, en los tiempos de paz, antes que los aqueos llegaran, ni siquiera lo que hay en los pétreos umbrales del templo del que hiere de lejos, Apolo, en la Pito rocosa. Apresarse se pueden los bueyes y gruesas ovejas y comprarse los trípodes y los caballos tostados, mas la vida del hombre no puede jamás recobrarse una vez ha cruzado la cerca que forman los dientes” (Ilíada(a): IX, 401-409).

D) Críticas a Homero y conclusión. Las críticas que se han utilizado contra el poeta van desde lo moral (representación indecente de las deidades porque luchan entre sí y se engañan o engañan a los mortales) hasta la mentira en lo histórico. Jenófanes (Mena, 2003) lo criticaba, pues decía que los dioses no le han revelado a los hombres nada y que debemos investigar limitándonos a lo verosímil, pero también se puede (Otto, 2006) considerar que la existencia de los dioses a lo lejos, que se manifiestan a los humanos cuando éstos se parecen a ellos, tiene lo suyo de grandioso y que no se puede, por lo menos, desechar fácilmente, siendo el exponente más perfecto de este modo de concebir a los dioses Epicuro, pues los separó definitivamente de toda necesidad de culto humano, dejándolos en su augusta superioridad sobre los humanos (no por esto no son dignos de culto, sino que no lo necesitan). Finalmente hay algunos que consideran que los dioses provienen de la mentalidad primitiva que no se apoyaba en la escritura y que tenía que repetir el mismo pensamiento, así nunca lograron dar variedad y flexibilidad a su mentalidad, por ello no hay profundidad psicológica y además la mente “primitiva” no conoce la libertad, sino que vive sometida a los dioses, entre las tensiones estos se manifiestan y toman una decisión nulificando el estrés, por medio de voces que sólo oyen los héroes, manifestación esto de un estado esquizofrénico. Tales doctrinas no son ninguna novedad sino un modo más o menos elegante y actualizado de decir insensateces y de presuponer que nuestra cultura llena de desastres y horrores es superior a las que la anteceden, y en verdad ya Walter Otto hablaba de teorías parecidas que: “perdieron por completo la capacidad de razonar y juzgaron lo que ellos llamaron «primitivo» con una ligereza que demostraba que la era de la primitividad propiamente estaba comenzando” (Otto, 2007: 24). Sea como sea de esto, el hecho es que fueron los poemas de Homero los que aglutinaron una serie de modos de pensamientos dispersos dando lugar a una gran epopeya que fue transcritas en dos grandes historias que marcaron el devenir de muchísimas generaciones de entre los griegos y que aun conmueven y sacuden a quien las lee, tanto como Zeus hacía temblar el monte Olimpo cuando asentía con su cabeza.

E) Bibliografía:

Traducciones de Homero.

1) Ilíada(a). Versión escaneada que contiene material de varias ediciones2. Pp. 447. 2) (1996) Ilíada(b), Traducción, prólogo y notas de Emilio Crespo Güemes. Madrid, Gredos. Pp. 651. 3) (1927) Obras Completas de Homero [Obras], Versión directa y literal del griego por Luis Segalá y Estalella. Pp. 596 y los índices: 139. 4) (2003) Odisea, Edición y traducción de José Luis Calvo. Madrid, Cátedra. Pp. 400. 5) Reyes, Alfonso, (1968) Obras completas de Alfonso Reyes, Volumen XIX, Los poemas homéricos, La Ilíada [cantos I-IX, parte del X], La afición de Grecia. México, F.C.E. Pp. 441. Otros: 6) Basilio, [San Basilio el grande], (1964) Cómo leer la literatura pagana, Traducción de Ángel García. Madrid, RIALP. Pp. 110. 7) Carrillo, A., Calderón, M., Rodríguez L., “Los griegos homéricos y el problema de la conciencia” en A parte Rei, enero 2006, número 44, pp. 1-11. 8) Eggers Lan, C., y E. Juliá, V., (traductores) (1981) Los filósofos presocráticos, Vol I. Gredos, Madrid. Pp. 518. 9) Heráclito, (1989) Alegorías de Homero. Antonino Liberal, Metamorfosis, Introducción de Esteban Calderón Dorda, Introducción traducciones y notas de María Antonia Ozaeta Gálvez. Madrid, Gredos. Pp. 314. 10) Hesíodo, (1978): Teogonía, Trabajos y Días, El escudo, Fragmentos y Sobre el origen de Homero y Hesíodo y el certamen de estos [Certamen], introducción, traducción y notas de Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez. Madrid, Gredos. Pp. 439. 11) Hübner, Kurt (1996) La verdad del mito, traducción por Luis Marquet. México, Siglo XXI editores. Pp. 434. 12) Mena, José, (2003) Jenófanes y la crisis de la objetividad griega, Segunda edición. España, Universidad de Murcia. 13) Otto, Walter, (2006) Epicuro, Traducción de Erich Lassmann Klee. Pp. 106. 14) Otto, Walter, (2007) Teofanía, El espíritu de la antigua religión griega, Traducción de Juan Jorge Thomas. México, Sexto Piso. Pp. 140. 15) Pseudo Plutarco, (2008) Sobre la vida y poesía de Homero [Vida], Plutarco, El antro de las ninfas de La Odisea y Salustio, Sobre los dioses y el mundo. Introducciones traducciones y notas de Enrique Ramos Ángel Jurado. Madrid, Gredos. Pp. 324. 16) Martin, R. y Metzher, H., (1977) La religión griega. Madrid, EDAF. Pp. 254. 17) Romero L., y Campos, F., “Los griegos homéricos y el problema de la conciencia” en Praesenteia 011, No 12, pp. 5-24. 18) Weil, Simone, La Ilíada o el poema de la fuerza: http://www.pocherighe.org/wp-content/uploads/2015/05/Weil_Simone_-_La_Iliada_O_El_Poema_De_La_Fuerza.351224702.pdf Consultado el doce de Agosto de 2016, 5:15 P.M. Fecha de la conferencia: miércoles 13 de Agosto de 2016, 4:00-5:00 p.m.

Notas:

1) Por ejemplo en el certamen entre Homero y Hesíodo, éste último le pregunta a Homero: “«Ea Musa [se refiere a Homero], sobre lo presente, lo futuro y lo pasado, nada de ello cantes; sino recuérdame un canto diferente.» Entonces Homero, con intención de resolver enseguida la aporía, dijo: «Nunca en torno a la tumba de Zeus los corceles de resonante casco harán chocar sus carros compitiendo por la victoria»” (Certamen: 96-101), clarifica en una nota al pasaje el traductor: “Ya que Zeus es inmortal este canto no entra ni en lo presente, ni en lo pasado, ni en lo futuro”

2) Introducción, mapas e índice onomástico: Biblioteca Clásica Gredos, número 150, Emilio Crespo Güemes editorial Gredos. Traslación en verso de Fernando Gutiérrez, clásicos universales planeta. Introducción a cada canto: Ediciones Cátedra (Letras Universales), edición de Antonio López Eire, 2ª edición 1991. Texto griego: Homer. Homeri Opera in five volumes. Oxford, Oxford University Press. 1920, en http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus:text:1999.01.0133 http://digital.library.northwestern.edu/homer/ (allí donde fallaba la anterior).






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