Filosofía Práctica

El Quijote


La mentira como institución política en Platón



Amadeus Estrada Cázares

31 de agosto de 2016





Esta investigación versa sobre el uso de la mentira [dictaminada por aquellos que mandan, y en este sentido es oficial, en el caso de Platón los que mandan son quienes saben qué es lo Bueno] como instrumento para mantener el orden social, “institucionalizando” tal mentira en un sentido muy amplio, en el sentido de hacer algo parte del funcionamiento de la ciudad.

La pregunta de Platón no es, pues, tan general y abstracta como: ¿Es malo mentir o no? Sócrates había determinado que las nociones generales de la moralidad como Justicia, Valentía y demás no son simples, aunque uno no se puede escapar de la realidad que lo circunda, por lo que los usos comunes de las palabras nos afectan, y son el suelo común al que hacemos referencia, pero este “suelo común” no es todo, pues los contra ejemplos o los contra argumentos que debilitan nuestra certeza ante la ingenua aceptación de normas morales, acompañan nuestra experiencia de la vida desde hace milenios.

La utilización con un alto grado de sistematización y constancia de tales contra ejemplos y contra argumentos tuvo un cierto auge en la época de Platón, pues tanto los llamados “sofistas” como los filósofos argumentaron contra toda una gama de costumbres, prácticas y creencias previamente establecidas. Cuando esta crítica se instala en la mentalidad de las civilizaciones no puede ser extirpada, pero ¿qué hacer con ella?, ¿qué efectos causará? ¿Si todos los que reciben cierta educación se sienten capaces de demostrar cualquier cosa no usarán esto para lo que se les dé la gana? En esto consistía la crítica de Aristófanes contra Sócrates (Nubes: 1398-1403).

Este problema se enlaza con el que aquí se quiere tratar del siguiente modo: se vuelve muy obvio, con un poco de reflexión que decir mentiras, en ocasiones, es dudoso que sea un mal en sí aunque hay casos bastante evidentes donde decir falsedades es dañino, por ejemplo: utilizar mentiras con el objetivo específico de dañar a alguien, pero ¿y si se miente para evitar que alguien sufra daños? ¿Y si un general miente a sus soldados diciendo que se aproxima una tropa de aliados para que sus hombres no se arredren ante la batalla? (Recuerdos de Sócrates: IV 2,15-17).

El problema no es, pues, una abstracción, difícilmente puede la filosofía, en todo caso, suplir las deficiencias de una realidad sin un suelo común de comprensión, si se quiere de un sentido común que permita algún grado de convivencia. Platón decía que una de las condiciones para empezar a reflexionar era compartir una lengua común (Menón: 82b), pero también se requería para su correcto desarrollo que hubiese un respeto a aquel que dice la verdad, que no sufra éste, por ejemplo, de ejecuciones clandestinas u oficiales (Apología: 32e-33a, 36d-e).

Hasta aquí se han resaltado dos puntos; 1) la relación entre mentira y bien es compleja y 2) no se trata de discernir si la mentira es mala en general, entonces ¿de qué se trata? Se trata de determinar si la mentira, por parte de los que saben, puede ser constituida como una institución, convertida por éstos que saben en un instrumento de la maquinaria de la ciudad, y los efectos que esto provocaría.

¿Qué es entonces la mentira? Es necesario adentrarnos en este problema, puesto que anteriormente sólo nos contentamos con señalar su complejidad. Pero en vez de “mentira” es mejor reemplazar este término por falsedad, que es la fuente de la mentira. La Falsedad en su sentido más fundamental es engañarse respecto al modo de ser real de las cosas, cuando alguien se engaña y expresa a los demás o a sí mismo lo que opina, no puede decir la verdad aunque quiera.

Así Platón se enfrenta a un serio problema (por ejemplo en: Hipias Menor): ¿quién es mejor el que miente a propósito o el que miente [o enuncia una falsedad] sin querer? Es cierto que quien miente a propósito con el objeto de causar daño comete un acto cruel, pero casi siempre las situaciones de la vida son muy complejas para reducirlas a esto, pues: ¿una persona que dice mentiras creyendo que dice la verdad puede en algún punto dejar de mentir aunque no quiera? Aún si una persona en su conducta usual tenga el impulso a hablar verazmente, esto no garantiza que diga la verdad.

En cualquier caso nadie quiere, según Platón, engañarse respecto a cómo son las cosas más importantes, pero en caso de que sepamos respecto a las cosas más importantes: cómo son, en qué consisten, etc., ¿qué se hace con este saber? ¿Decir todo a cualquiera y en cualquier caso? En el diálogo La República se da preferencia a las personas que conociendo el Bien, saben cuándo decir una mentira es beneficioso, atendiendo (supuestamente) al interés de la ciudad, estas falsedades no afectan el estado del alma de quien las dice, pues el guardián de Platón sabe la verdad aunque con sus palabras afirme a veces mentiras (no dice la verdad completa siempre) pero esta falsedad no afecta la convicción interna del guardián o de quien sabe la verdad: “la mentira expresada en palabras es sólo una imitación de la que afecta al alma; es una imagen que surge posteriormente pero no una mentira absolutamente pura” (República: 382b-c).

Por tanto, obviamente, para Platón hay algunos casos en los que decir falsedades (con la palabra, no respecto a engañarse en cuanto a la naturaleza de la realidad) puede ser aceptable: “en cuanto a la falsedad [ψευδος](pseudos) expresada en palabras, ¿cuándo y aquién es útil como para no merecer ser odiosa? ¿No se volverá útil, tal como un remedio [Φáρμαχον] (Fármacon) que se emplea preventivamente contra los enemigos, y también cuando los llamados amigos intentan hacer algo malo, por un arranque de locura o algún tipo de insensatez? Y también en la composición de mitos de que acabamos de hablar ¿no tornamos a la falsedad [ψευδος] (pseudos) útil cuando por desconocer hasta qué punto son ciertos los hecho de la antigüedad, la asimilamos lo más posible a la verdad? [República 382c-d]” (Casnati, 2011: 66).

Platón pone en práctica esto en algunos ejemplos: él decía que debía utilizarse un relato según el cual los hombres son hijos de la tierra, todos nacieron de ella, y por lo mismo, es necesario que todos participen de la defensa común de ésta, y por otro lado que diferentes personas habían nacido con diferentes metales, es decir, que su modo de ser era más apropiado para determinado puesto en la sociedad, estos relatos eran parcialmente falsos, pues estas explicaciones de los orígenes no son exactas, pero expresan algo que para Platón es real: los gobernantes deben ser los mejores, y deben ser cuidadosamente seleccionados, según la calidad con la que hubiesen nacido y el grado en que hubiesen desarrollado su talento (República: 414d-415c).

Sin embargo, más allá de estos sentidos, de por sí cuestionables, en que se puede utilizar la falsedad para Platón existen otros aún más extraños: según Platón los nacimientos debían ser arreglados conforme a una ley de selección, donde los magistrados elegirían con quien debía tener hijos cada persona, castigando las relaciones no sancionadas (República: 461b), debía dársele a esto la apariencia de algo casual y no causado, para que no se rebelaran contra los magistrados (República: 459d-460d). En este punto, a diferencia de los anteriores, se puede hablar de algo que es estrictamente falso [parece significar en este contexto mentir en un sentido bastante estricto], ya que el que los magistrados aparezcan inocentes ante las uniones que ellos mismos concertaron.

Lo que tiene en común todas estas formas de falsedad, claramente, es que se supone que forman parte de una serie de estrategias que van encaminadas al bien común, esto de ordenar la sociedad según el bien produce efectos que cada uno puede percibir como incorrectos pero que al final [según Platón] redundan en un beneficio común: crear una comunidad que funcione correctamente, por tanto estas mentiras se instituyen en la sociedad para mantener su estabilidad, pero ¿por qué? Esto ya fue respondido: se debe a que tienden al bien, pero ¿qué es este bien?

La noción de Bien está relacionada con una de las doctrinas más polémicas y complejas de Platón: la teoría de las Ideas, la cual afirma que debido a la multiplicidad existente en la realidad sensible [que se capta con los sentidos] debe haber una realidad superior que le dé sentido y unidad a éste: por ejemplo a un objeto que captamos lo podemos considerar pequeño desde un punto de vista, pero grande desde otro, sin embargo si se aíslan estas “determinaciones generales” [Grandeza, Pequeñez, etc.], y se les asigna un modo de ser independiente a los seres sensibles, entonces esta confusión desaparece, ya que siempre está en referencia a algo estable y no afectado por la diversidad. Esto que está aislado de la diversidad es la Idea.

Pero ¿cómo se justifica la existencia de estas extrañas entidades? Platón intenta muchas estrategias al respecto, es decir para tratar de justificar su existencia y sentido, en La República intenta argumentar que la Idea superior que le da sentido y unidad a todas las demás es La Idea de Bien, en cuanto algo es real remite a algún tipo de unidad, que es mejor a la dispersión que pueden sufrir, pues para cada cosa lo mejor es mantenerse en una determinada posición que ocupan.

Cada cosa tiene una función determinada de acuerdo al modo en que es, y un modo en que cumple su función de la mejor manera, incluso los animales cumplen una función, dependiendo de sus estrategias de supervivencia, y las cumplen de mejor manera o de peor, y en este sentido se dirigen a lo mejor, sin que este propósito estuviera implícito en su proceder no existirían, pues no vivirían si no se dirigieran, entre otras cosas, a buscar el mejor modo de seguir vivos, además es en virtud de ello por lo que son comprensibles, así como todas las cosas pues una roca, por ejemplo, no sería comprensible sino fuera porque pertenece a un orden cósmico [en referencia a la totalidad de la realidad] que tiende de alguna manera hacia lo mejor, pues incluso una roca tiene una tendencia a no destruirse, a no dejar de ser roca, por ejemplo, y para determinado trabajo (usarse para encender una fogata, como pisapapeles, etc.), sólo puede funcionar usándose correctamente, de un modo “mejor” a otros. Entonces quien comprende lo mejor en cuanto tal, será capaz de comprender lo demás, aunque el proceso no es fácil, porque lo mejor [La Idea del Bien] no es relativo, y todo aquello con lo que nosotros convivimos, sí.

El punto al que se dirige Platón es que quien comprenda qué es lo verdaderamente mejor para el hombre, entenderá cuál es su papel en la sociedad y cuál es el mejor modo de cumplirlo en virtud de este saber [obtenido después de un largo procedimiento que implica conocer todas las disciplinas fundamentales para llegar a esto: aritmética, geometría, astronomía, etc.], combinado con una larga experiencia entre los hombres, quien logre esto será capaz de adaptar lo que ha entendido como El bien al mundo cambiante de los humanos. La mentira será parte de la adaptación requerida para que los que no saben obedezcan a los que efectivamente saben, ya que los que no saben no podrán soportar (según Platón) la verdad, por lo que hay que darles una versión más suave.

Lo que tiene de criticable esta postura es (como ya lo había puesto de relieve Aristóteles) que el bien puede comprenderse de muchas maneras y que creer que un bien general puede ser utilizable como guía para decidir en cuestiones concretas es muy dudoso, precisamente por ser una noción tan general.

Pero El Bien no es una noción tan simple como quizá pueda parecer, éste no puede expresarse simplemente como lo mejor, pues esto mejor que nos permite en cada caso comprender cómo son las cosas, por ello mismo nunca es visible en sí mismo, sino en la medida en que nos permite ver otras cosas, nunca captamos lo mejor en sí, aislado del resto de las cosas, sino en la medida en que nos permite captar algo que no es el propio Bien, precisamente por esto el Bien es lo más elusivo, pero en general todas las Ideas son elusivas, pues cuando nos preguntamos por “Lo Bello” o “Lo Justo” siempre caemos en la confusión, ya que nuestra referencia son las acciones justas o las acciones bellas, y lo que Platón propone es “controlar” o evaluar estas cuestiones remitiéndonos a algo que no es confuso en sí mismo [las Ideas], aunque como se presentan ante nosotros sean éstas muy confusas, y ellas nos permiten, según este filósofo decidir cómo actuar desde una base más sólida, en el caso aquí tratado, decidir cuándo es mejor para el orden social mentir, y cuándo no lo es.


Bibliografía

Aristófanes (2007) Comedias, Vol. II. Introducción, traducciones y notas de Luis M. María Aparicio. Madrid. Gredos. Pp. 456.

Casnati, María, “Ψε δος en palabras en República y relato ειχος en Timeo”en NOVA TELLVS, volumen 29 número 2, 2011. Pp. 47-85.

Derrida, (1977) La Farmacia de Platón en La Diseminación. Traducción José Martín Arancibas. México. Fundamentos. Séptima edición.

Jenofonte, (1993) Recuerdos de Sócrates, Económico, Banquete, Recuerdos, Apología de Sócrates.Introducciones, traducciones y notas de juan Zaragoza. Madrid. Gredos. Pp. 386. Platón, (1986) Diálogos, introducción traducción y notas por Conrado EggersLan. Madrid. Gredos. Pp. 502. Santa Cruz, M. Santa Cruz, M. “Usos éticos y políticos de la ficción en Platón” en Belo horizonte Volumen 10 número 5, Segundo semestre del 2014. Pp. 12-29.






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2 Comentarios.


4-09-2016
Genaro dijo:
Recomendarles también, a los lectores de este apreciable blog, a Gustavo Bueno sobre sus meditaciones respecto a este mismo tema: son referencia obligada. Aquí­ Amadeus Estrada indaga en concreto tal tema en Platón.
Links:
https://youtu.be/zsLWM5X4Lp4
https://youtu.be/mbXn_x8L3wk
https://youtu.be/Q2dNiQgSMbg





9-09-2016
Amadeus dijo:
Gracias Genaro, ya revisé los videos que recomendaste y son en efecto muy interesantes, según entiendo Gustavo Bueno analiza primero la falsedad en general no como algo vinculado necesariamente al mal a la falsedad y al no ser [visión metafísica], sino como una parte de las estrategias de supervivencia de los seres vivos por medio del cual aparentan lo que no son: una mariposa puede parecer búho con cierta decoración en sus alas, por ejemplo, pero al aplicarse al humano la cuestión del lenguaje complica todo, por tanto una vez se problematiza este asunto [es decir se ve la cuestión filosóficamente] se puede entender que la mentira no es algo "esencialmente" malo, sino que se encuentra en un entramado de problemas complejo: ¿Por qué la gente se cree las mentiras? ¿porqué a veces el pueblo quiere que le mientan? ¿Siempre es malo mentir? Además la mentira tiene muchos niveles; no es lo mismo a un nivel personal que a nivel político, pues a nivel político la efectividad es un criterio que adquiere mayor relevancia ¿a cuántos afectará una mentira y de qué modo? [Por ejemplo] Y en efecto Sócrates y los sofistas ya habían problematizado muchas situaciones así y Platón es un heredero de estos cuestionamientos como menciona este autor.





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