Filosofía Práctica



El alma como puente a lo divino



César Uriarte Castro

5 de abril de 2017

Introducción

El siguiente ensayo tiene como objetivo el análisis sobre el alma en la filosofía cristiana, desde la perspectiva de la conferencia “Dios y la filosofía cristiana” impartida por Étiene Gilson. El enfoque es exclusivo a las posturas históricamente filosóficas de San Agustín, como su impulso a la conjunción de dos especulaciones filosóficas con caracteres diferentes, en las cuales fe y razón se relacionan de manera lógica.

Para dicho análisis, es necesario hacer una desfragmentación de la estructura filosófica cristiana, independizando las partes que la conforman, en especial, las de alma, cuerpo y espíritu, con base a la relación que San Agustín hace de las Éneadas de Plotino sobre el Uno y el significado de estos elementos que componen al hombre de acuerdo a las escrituras bíblicas. De esta manera, se abre una vereda para encontrar relaciones con otras posturas filosóficas, sus anteriores concepciones y la adaptación a una nueva filosofía.

Esta concepción del alma dará la oportunidad para reflexionar sobre esos mundos platónicos, que si bien se caracterizan por no tener contacto alguno, sólo la relación de que el mundo material está regido por el mundo inmaterial, San Agustín logra entablar una relación teleológica que permitirá vislumbrar una luz en el abismo existencial del hombre, una forma con la que el Uno argumenta la filosofía cristiana, sin perder ningún carácter judío.

Históricamente, San Agustín da una especulación con argumentos válidos al unir la naturaleza de la filosofía griega con la cristiana, por ende, en el aspecto social, se marca una nueva etapa de la vida filosófica, Agustín abre las puertas a una filosofía cristiana-platónica que perdurará hasta la llegada de Santo Tomas de Aquino, el cual, con el mismo método, pero esta vez enfocado a las posturas aristotélicas.

El neófito cristiano, da una esperanza metafísica al cristianismo, pone como contacto divino al alma. El alma ya como una multiplicidad que se desprende del Alma suprema (Nous), viene a ser parte de la constitución de la esencia del hombre. En este sentido, son tres las partes que constituyen al hombre: alma, cuerpo y espíritu.

Esto inclina a la cuestión de ¿Qué es el alma en la filosofía cristiana?

Hipótesis.

La realidad, según San Agustín y haciendo referencia a la filosofía platónica, está constituida por dos mundos, el material y el no material. El primero consta del cuerpo y todo lo que es sensible a él, en cuanto al mundo inmaterial corresponde el alma, que es el conocimiento que trasciende y que es inmutable, infinito e inmortal. La idea de esta dualidad es tomada de la filosofía de Plotino, haciendo referencia al mundo de las ideas del que habló Platón. De esta manera, San Agustín argumenta la filosofía cristiana con la filosofía neoplatónica, haciendo referencia al Uno, y pone como trinidad substancial del hombre el Espíritu, el Alma y el Cuerpo; el cuerpo como algo corruptible, el espíritu como el soplo divino que es impulsado por la voluntad y el alma, que es la mediadora de estos dos mundos.

El alma que transcurre y se deposita en un cuerpo cuya materia es finita y corruptible, capta la verdad antes que esta sea instalada, por ello, Platón aseguraba que la verdad es innata, ya que siendo depositada en materia, esta adquiere conocimiento por la sensibilidad del cuerpo; a diferencia de San Agustín, esa verdad es la presencia de Dios que ilumina el alma.

I.- Análisis de la filosofía cristiana.

De suma importancia es el análisis de la filosofía cristiana para llegar a esa concepción del alma. Dicho análisis será breve, ya que el propósito de este ensayo es buscar la funcionalidad del alma en la filosofía cristiana, y para tener esa concepción es menester partir desde la estructura filosófica cristiana para llegar a la inteligibilidad.

Partiendo del problema metafísico del ser en la cultura griega, este ser como lo menciona Gilson en su conferencia, es un ser con características de “algo” y no de “alguien”. La diferencia puede ser un poco absurda si no contemplamos diversos factores y despojamos razón en ello. Los filósofos griegos buscaban el supremo principio en el ser, y para el mundo judío, ese principio ya había sido revelado como El que es. Aquí el pasaje bíblico:

He aquí que iré a los hijos de Israel y les diré: El Dios de vuestros padres me envía a vosotros. Pero si ellos me dicen: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les contestaré? Y Dios dijo a Moisés: YO SOY QUIEN SOY. Y añadió: Hablarás así a los hijos de Israel: EL QUE ES me envía a vosotros.1.

De aquí la definición de Yahweh (Jehová) que en su traducción es “El que es”. De esta manera, los antiguos judíos daban a esta religión un carácter metafísico, que para los griegos esa no era la solución que buscaban. Sin embargo, esta unidad suprema daba un carácter de relación a la filosofía platónica “en poner como causa suprema de todo lo que es en alguien que es, y lo mejor que puede decirse es que «Él es»”2, de aquí su calidad religiosa. Dicha revelación coloca a la existencia como un acto divino, creado y engendrado por El que es, y este ser tiene que engendrar a alguien y no a algo.

Gilson menciona que Platón había postulado la misma filosofía judía, “con la sola diferencia de un artículo, pues Moisés decía El que es, y Platón había dicho Lo que es”3; de acuerdo a estas proposiciones, “algo” puede ser una cosa o alguien. Por lo que podrían estar refiriéndose al mismo punto: Dios. Pero los judíos no esperan a que ese dios engendre algo, sino a alguien, ya que el Ser es alguien y no algo. Empero a esto, los griegos buscaban las cuestiones en la naturaleza mientras que los judíos en el Ser.

El problema ahora no radica en la concepción de ese Ser supremo, sino en dónde se encuentra ese Ser al cual los judíos le agradecen su existencia. La cuestión generada depende de la concepción que tenían los judíos para este Ser. Este ser que es inmutable, inmortal e infinito, es el Supremo, es la capa y el núcleo que da existencia y conocimiento. Sin embargo, el Dios de los judíos es un dios antropomórfico, por eso el hombre tiene esa imagen material, porque Dios es un hombre4 que ha engendrado de Él otro ser a partir de su semejanza, que para los griegos, este Ser no tenía aspecto humano, sino más bien, estaba más allá de cualquier especulación que el hombre pudiera alcanzar de ese Ser.

Ahora bien, para los filósofos griegos, la realidad se compone de dos mundos que existen relativamente (al mismo tiempo), un mundo material (sensible) y el otro inmaterial (inteligible). Las características del primero es la realidad que se percibe por medio de los sentidos corporales, la materia que nos rodea y que al mismo tiempo es dinámica y mutable, y como es mutable es finita, y como es finita es un mundo corruptible donde la materia es la base de la existencia y las aporías gozan de su existir; en cuanto al segundo, hace referencia a un mundo inteligible, donde a comparación del primero, este mundo es eterno, inmutable, infinito, donde las cosas son perfectas sin caer a un margen de error, y así lo llama Platón, “el mundo de las ideas”. Hago referencia a este mundo por el hecho de que los judíos tenían una concepción similar a la realidad, a diferencia que ese mundo era el mundo donde las almas después de ser despojadas del mundo material habitaban con El que es, por lo tanto El que es, no está a nuestro alcance material, y la única vía que se puede llegar a tener es el intelecto, por medio de la reminiscencia, el alma puede ser el puente por medio del cual el contacto divino está al alcance del hombre.

Así, llegamos a dos grados de la realidad, una del Dios y la otra lo creado por Dios, que respecta lo material. En lo que corresponde a la realidad de Dios, o mundo de las ideas para Platón, la verdad funge como un principio absoluto, el Nous del que refiere Plotino; y esa verdad sólo nos es revelada por medio del alma, ya que las propiedades del alma son exclusivamente divinas, las cuales en ella se ve reflejada la verdad absoluta del mundo inteligible, es decir, afirmando que el mundo material es simplemente una copia física e imperfecta del mundo de las ideas, el alma funge como un espejo que refleja de manera distorsionada esa realidad suprema. Es aquí cuando Agustín, al igual que Platón, usa las atribuciones de la reminiscencia para explicar el proceso del alma dentro de la trinidad substancial del hombre correspondiente a cuerpo, alma y espíritu.

Por lo tanto, la constitución del hombre está compuesta por estos tres elementos: cuerpo, alma y espíritu; en los textos bíblicos de Tesalonicenses que corresponde al nuevo testamento, se menciona: “y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”5.

Ahora bien, la filosofía cristiana después de esta constitución de hombre, toma como referencias platónicas la dicótoma realidad, de aquello que se percibe por medio de los sentidos y de aquello que se percibe por medio del intelecto. A lo sensible corresponde exclusivamente el cuerpo (la materia) y a lo insensible lo inteligible. Por consiguiente, todos los cuerpos animados cuentan con espíritu, un soplo divino que los vivifica al movimiento, Dios creó a la fauna externando:

produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelan sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie.6

Todo ser animado en la faz de la tierra subsiste gracias al soplo divino, porque contiene espíritu, pero no alma. Pues para San Agustín, el alma sólo se deposita en el hombre, pues el alma es la parte inteligible que domina la voluntad y los sentimientos. Y como esta alma es la que rige el cuerpo material, la concepción de ella está íntimamente ligada con el mundo divino, bajo estas leyes, con proposiciones lógicas puedo afirmar que la unión de del cuerpo con Dios es el alma, pues ella es la que rige las cualidades materiales y por medio de ella se ilumina el sendero a la que conduce a lo divino. El mismo San Agustín, en sus escritos de Confesiones, señala:

dime pues, señor, por tu misericordia, Quién eres Tú para mí. Díle a mi alma: Yo soy tu salud (Salmo 34,3). Y dímelo en forma que te oiga; ábreme los oídos del corazón, y dime “Yo soy tu salud”. Y corra yo detrás de esa Voz, hasta alcanzarte. No escondas de mí tu Rostro, y muera yo, si es preciso, para no morir, y contemplarlo.7

En esta apartado del filósofo, se cuestiona no sobre la existencia de Dios, sino lo que es Él y lo que representa, la magnitud de su ser y el lugar que ocupa, pero logra concluir que es un Ser totalmente inefable, pues no puede encontrar una finitud a su magnitud, y Le solicita por medio del alma que ilumine su corazón. En este sentido, y haciendo referencias a las enseñanzas del profesor Martínez en el curso de textos clásicos de San Agustín, los cristianos dan una concepción al corazón como sabiduría. Por lo tanto, San Agustín le pide a Dios que de forma inteligible de respuesta a sus cuestiones, pues Dios se tendría que poner en el nivel del filósofo para que él pudiera aprehender todo el conocimiento sobre su magnitud y existencia, de esta manera, poder saber cuál es el camino correcto al cual se perfilaría. En consecuencia, y haciendo referencia sobre el Uno de Plotino con relación al cristianismo y el problema metafísico que plantee al inicio, la Unidad engendró a alguien, y ese alguien es Jesucristo.

Ahora bien, con esta concepción esencial de la filosofía cristiana, es tiempo de concebir cuerpo, alma y espíritu, de forma individual, así como sus relaciones con el mundo material y el mundo inmaterial. El propósito de este estudio individual es para vislumbrar la aspiración que tiene cada uno de los elementos, así, poder determinar su función en esta trinidad de hombre dentro de la esfera cristiana.

Hago inicio desde el mundo de la perfección, en donde se encuentra lo inmutable, lo incorruptible, lo infinito, lo inmaterial, aquello que es inefable a nuestro pensamiento, pues el hombre aún cuenta con incapacidad de aprehensión divina. Luego tomaré el cuerpo, aquello que difiere en sus características totales al mundo de las ideas, pues este mundo material, es una realidad finita, donde el cambio constante está en cualquier entorno, como la corrupción, que esclaviza con sus leyes naturales a cualquier ente material, así como la aprehensión de conocimientos por medio sensitivos. Para finalizar, el alma, cuyas características dirigirán el enfoque a la conclusión cristiana sobre ella, su importancia y su labor en la trinidad como un medio que une a dos mundos.

II.- Espíritu.

Espíritu es relativo a Dios, Es y depende de Él, pues es Unidad. Y si es unidad, debería yo de emitir juicio que, ese espíritu es el mismo Dios que deambulaba por lo eterno, y para argumentar mi juicio, anexo el pasaje del Génesis en las santas escrituras, base esencial de la filosofía cristiana, “en el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Haya luz, y hubo luz […]”8. Él es el creador y por ello es absoluto, su cualidad de Unidad, y si Él es Unidad, entonces no hay una dualidad de Dios y espíritu, por lo que el Espíritu es simplemente una cualidad de Él.

Haciendo referencia al pneúma, ese soplo divino de Dios para dar vida, movimiento, mutabilidad, finitud, es el mismo Espíritu de Dios. Alejándome de ideas panteístas, toda vida creada por Él, es sin duda su sustancia, ya que, si nos remontamos al pasaje bíblico cuando Dios por su obra toma tierra y moldea una figura de hombre, un hombre tierra del cual adquiere vida gracias a Su aliento, aquí el pasaje: “Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre alma viviente”9; a lo que me lleva a determinar que, el Espíritu de Dios ha creado, en su dinamismo10*, las dos realidades, la inteligible (que es Él) y la sensible, que es lo material, como el hombre y su entorno. Por consiguiente, el alma pertenece a la esfera de lo Espiritual, ya que es conciencia que lo hace vivir, porque si se hubiese traducido sólo por cualidad viviente, el hombre no se diferenciaría de una bestia, pero como tiene anexo alma, esto le da calidad de que el hombre acceda a un juicio, y para practicar ese juicio es necesario una unidad cognoscente. He de considerar, también, que Dios hizo al hombre a su semejanza, y por lo tanto, lo hizo de manera individual.

Ahora bien, todo lo que tiene vida, tiene espíritu; y en el caso del hombre se anexa alma.

III.- Cuerpo.

El cuerpo, constituido por materia, misma que está compuesta por átomos, obra creada por Dios y copia del mundo inteligible, por lo tanto es mutable y corruptible. El cuerpo siendo materia, se ve obligado a corresponder estrictamente con las leyes naturales que la rigen.

Esto me incita a pensar que Dios necesitaba crear materia para de Él emanar algo que pueda tener bajo control, pues la materia es sin duda un ente corruptible.

IV.- Alma

Obtenida ya el significado que tienen en la filosofía cristiana, espíritu y cuerpo, me permitiré a centrar la conceptualización del alma en la filosofía cristiana; el interés de ser el último análisis, es para seguir la estructura bíblica cronológica, Espíritu, Materia y Conciencia.

Recuérdese que el alma fue dada después de la vida, ya que el Soplo divino fue quien otorgó la vida antes que ella. Por ende, el hecho que Dios haya creado al hombre de forma individual, fue para añadirle alma a sus propiedades, ya con espíritu y materia. Gilson:

En vez de decir que el hombre tiene alma, deberíamos afirmar, por tanto, que el hombre es un alma particular, lo que equivale a ser una sustancia inteligente, inteligible y eternamente viva que, aunque ahora esté unida a un cuerpo, existió antes que él, siempre, y está, en última instancia, destinada a sobrevivir a él. O, dicho con las propias palabras de Platón: El hombre es "un alma que usa un cuerpo", pero que no es su cuerpo en mayor grado que un trabajador es la herramienta que usa o cualquier otro de sus adminículos.11

La filosofía cristiana se ve amenazada con este argumento, ya que esas almas inteligibles por su cualidad de transmigración serían dioses particulares, ya que las almas son de igual forma que Dios, seres inteligibles e inmutables, por lo que se contradice con la Unidad de la que habla Plotino y en cierto sentido Moisés, postulando que Él es. A lo que Gilson dice:

En la doctrina de Platón, y aún más claramente en la de Plotino, ser sustancia puramente inteligible, viva e inmortal era ser exactamente un dios. Las almas humanas eran, pues, otros tantos dioses. Cuando un hombre filosofa y, haciendo abstracción de su cuerpo, enfoca su mente hacia la verdad inteligible, se comporta sencillamente como un dios que no se olvida de serlo. Filosofar bien no es, pues, otra cosa, para todos y cada uno de nosotros, que obrar como el dios que en realidad somos. En efecto, somos inteligencias individuales irradiadas por el Intelecto supremo y, originariamente, por el Uno. Por tal razón, puesto que somos por y en el Uno, también conocemos todo y lo contemplamos por y a la luz del Intelecto supremo que emana eternamente del Uno. Y, aunque todo parezca dicho y hecho, seguimos siendo, sin embargo, otros tantos dioses, de menos categoría, desde luego, que trabajamos pacientemente por volver a estar con nuestros otros compañeros divinos.12

Este paraje que Gilson aporta, dirige mi pensamiento a determinar que Dios (el Uno), es tal y como señala Plotino, el Ser en su absolutismo, del cual emana otro pero imperfecto, y esas emanaciones son las millones almas de los hombres que habitan la tierra. En relación a esto con el Uno, podría realizar una analogía en la época actual, ya que la dialéctica de los aparatos electrónico inteligentes está compuesta por el mismo sistema que Plotino, Cero y Uno, Apagar y Encender, Abrir y Cerrar, Si y No; una gran arquitectura con este sistema y una chispa (bit) hace de un aparto inerte un aparato inteligente, que cumpla una función específica para quien lo ha creado, y desde luego, con ciertas incapacidades para que este aparato no sustituya a su creador.

Puesto que toda nuestra constitución de hombre es entera emanación del Uno, nos coloca como esclavos, pues estamos dotados de incapacidades para superar al Creador, y si fuera poco, nos ha vuelto ciegos a la divinidad, pero en este sistema binario el hombre está configurado con dotes intelectuales, los cuales pueden iluminar el camino sólo de la concepción de Él.

El alma, entonces, es la parte que vincula de manera segura, el contacto con lo divino, sin la necesidad de que el Creador se encarne. Ahora bien, si lo hizo una vez con Jesucristo, sería porque lo creado estaba amenazado por sí mismo.

Sin embargo, Dios ilumina desde adentro, pues tanto San Agustín como otros filósofos, piden iluminación a su corazón (conocimiento) para que Éste nutra el alma y tenga contacto con Él.

Esto me lleva a concluir, que el alma como mediadora del mundo sensible e inteligible, está compuesta por obra divina y material. Cuenta con dos nacionalidades, y en ambas puede subsistir, pero estando en la material, esta alma está sujeta coaxialmente a las leyes naturales que limita su espiritualidad. Para llegar a ella en el mundo material, la vía para hacerlo es a través del intelecto, pues, como decía San Agustín, el intelecto es lo único divino que tengo en este mundo sensible. El intelecto es parte del alma, y si por medio de este se llegara a tener una concepción suprema de Dios, será cuando ese intelecto esté configurado de forma adecuada que agrade Al que es.


Notas.

1. Éxodo, 2, 13-14.

2. Étiene Gilson, Dios y la filosofía cristiana, Emecé Editores, Buenos Aires, p. 64.

3. Ibid, p. 62.

4. N.B.: No me refiero a un hombre carnal como el mismo San Agustín, sino a una imagen de Dios, puesto que para los judíos, el hombre ha sido creado a semejanza de Dios.

5. Tesalonicenses, 5:23.

6. Génesis, 1:20 y 21.

7. San Agustín, Confesiones, Editorial San Pablo, p. 12.

8. Génesis, 1:1.

9. Génesis, 2:7.

10. N.B., dinamismo como movimiento.

11. Cfr. Étiene Gilson, Dios y la filosofía cristiana, Emecé Editores, Buenos Aires, pp. 75.


V.- Bibliografía.

Étienne Gilson, Dios y la Filosofía, Emece Editores, S.A. de C.V., Buenos Aires, título original “God and Phylosophy”.

San Agustín, Confesiones, Editorial San Pablo.

Biblia*.

Plotino, Selección de las Enéadas. Universidad Nacional de México, 1923, SEP.

Werner Jaeder, Cristianismo Primitivo y Paideia Griega, Fondo de Cultura Económica, 1961.






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