Filosofía Práctica

El Quijote


La Ética Hacker



Mauricio Enríquez Zamora

5 de marzo de 2017





¿Cómo se puede justificar discurrir acerca de una ética entre los hackers? Habría que poner de relieve que este grupo de personas sostiene un conjunto bien definido de principios de conducta, los que pueden servir de modelo para toda una sociedad. Al mostrar en las siguientes líneas cuáles son dichos principios de conducta, creo que se hará patente la justicia del concepto “ética hacker”.

Es preciso aclarar que tal ética no es producto de un ejercicio filosófico formal, no es la ética pensada por algún filósofo en particular, sino más bien un modo de pensar lo que es conveniente al ser humano, que se ha moldeado en la práctica de las comunidades hacker. Por esto, no se puede esperar que dicha ética aporte algo nuevo desde un punto de vista filosófico. Lo que se va a poner de manifiesto aquí es cómo la cultura hacker reivindica ciertos valores filosóficos de la modernidad, dándoles un mayor grado de realización. Sin detenerse en elucubraciones, el hacker realiza en su modo de vida los valores de la libertad, el trabajo creativo, el bien común y la colaboración. Estos valores no son algo nuevo desde una perspectiva filosófica, pero sí desde la praxis, al poder superar el estatuto de meras utopías.

Hacer una reflexión sobre el acontecer de ciertos valores realizados puede servir para considerar nuevas interrogantes que nos ofrezcan otra perspectiva de dichos valores, y de los no realizados también. Los hackers parecen ser la contraparte práctica de los filósofos, porque viven en acciones lo que éstos últimos solamente han sentido en el mundo de las ideas: el deseo de crear. Analicemos a continuación los principales valores de la ética hacker.

Como ya lo he manifestado en un escrito anterior, al hacker lo definen un conjunto de actitudes específicas: libertad, trabajo creativo y compartir, entre otros. Cada una de ellas está íntimamente conectada con las otras, además de que en conjunto implican algo que podríamos llamar una “ética”. Esta ética podría estar circunscrita no solamente a la comunidad hacker, sino a toda la sociedad, en tanto que expone ciertos valores éticos tradicionales de la filosofía moderna. Analicemos cada uno de estos valores.

Primero está, como uno de los valores fundamentales, la libertad. Este es también uno de los valores fundamentales de la sociedad moderna, casi siempre esgrimido como una utopía, antes que como una realidad tangible. Su definición varía un poco, sin embargo, de un filósofo moderno a otro. Algunos podrán caracterizarla como la ausencia de limitaciones externas, mientras que otros dirán que es la expresión de la esencia propia de la persona. Estoy más de acuerdo con esta última, que es en cierto modo la definición dada por Spinoza de un ente libre: “Se llamará libre aquella cosa que existe por la sola necesidad de su naturaleza y se determina por sí sola a obrar”1

De esta definición de libertad se puede deducir que nada es completamente libre, porque cualquier ente requiere de otros entes para existir, depende de ellos. Sin embargo, podemos hablar de “grados de libertad”, que serán mayores conforme mayormente se determine una cosa a actuar por sí misma. Y esta libertad no es buena sólo por el hecho de la emancipación, sino más bien porque la existencia se desarrolla de acuerdo con la propia naturaleza. Es también Spinoza quien nos dice que el esfuerzo por perseverar en nuestro ser es nuestra esencia, es decir, algo inevitable. Por tanto, en principio, es necesario y conveniente para la persona vivir lo que le dicten sus deseos, si estos son expresión de su verdadera naturaleza.

Este concepto de libertad explica sólo el aspecto subjetivo de ésta, es decir, la libertad desde el punto de vista del individuo social. Otros pensadores (como Marx, por ejemplo), explican la libertad desde una perspectiva social. Esta libertad consiste en las condiciones sociales, económicas y políticas que permitan el desarrollo pleno de todos las personas que viven en esa sociedad. Para lograrlo es preciso una praxis política que realice dichas instituciones libres. Para el caso del movimiento cultural del hackerismo puede decirse que no sólo expresan su libertad personal, sino también esta libertad fundadora de instituciones libres. Obras fundamentales de los hackers, como internet y el software libre, son productos de uso colectivo que protegen la libertad individual.

El trabajo creativo está estrechamente relacionado con la libertad. Ser creativo es realizar algo con medios propios. Producir creativamente es lo que hoy día se llama “innovación”, y es considerado un importante factor de éxito para las empresas actuales, incluso más allá de las meramente tecnológicas. Se ha vuelto un nuevo paradigma empresarial que aún no alcanza su máxima expresión. Por esto, las empresas tecnológicas se fijan en quienes han desarrollado por su cuenta, en forma libre, algún proyecto de trascendencia: “Cuando entrevistábamos a los programadores, lo que más nos interesaba era qué tipo de software escribían en su tiempo libre. No puede hacer nada realmente bien a menos que lo ames, y si te gusta programar, inevitablemente estarás trabajando en proyectos propios”2.

La ética hacker establece una relación con el trabajo distinta a la que el espíritu de la era industrial nos exigía antaño. La fase industrial del capitalismo se ha caracterizado por el trabajo rígidamente estandarizado en los horarios, días de descanso y las vacaciones. La propia innovación, percibida vagamente como fuente de la riqueza, no es algo que se cultive, sino que más bien son premiados la disciplina y el esfuerzo. Y esas virtudes eran suficientes para la empresa tradicional, cuya evolución no tenía el dinamismo que se tiene en la actualidad. Bajo esas condiciones, el trabajo llega fácilmente a convertirse en una fuente de tristeza, en un mal necesario.

Lo importante de la ética hacker es que logra reemplazar lo que Max Weber describió como una ética del trabajo industrial, para la cual recurrió a la noción de ética protestante. Esta peculiar idea -tan familiar para nosotros hoy en día pero en realidad tan poco natural- del deber en una profesión es lo más característico en la ética social de la cultura capitalista y, en cierto sentido, constituye su fundamento. Se trata de una obligación que el individuo se supone debe sentir hacia su actividad profesional, con independencia de sus contenidos, en particular sin que importe si conlleva una utilización de sus facultades personales o sólo de sus posesiones materiales (como el capital).3

Lo que la ética hacker nos trae es una relación con el trabajo en la que predomina la pasión creativa, un entusiasmo por la realización de nuestra labor que potencia la creatividad y posibilita la innovación. Tales condiciones de trabajo han creado las empresas actuales basadas en la tecnología y, a su vez, estas empresas exigen que dichas condiciones se reproduzcan. El filósofo finlandés Pekka Himanen nos describe esta nueva relación con el trabajo en su conferencia de 2012 titulada “La ética hacker”:

Si se encuentra significado a lo que se hace, entonces la relación con el propio trabajo se vuelve intensa, pues es posible encontrar en el trabajo una fuente de significado y una fuente de energía. Es así como puede explicarse el hecho de que realizando algunas actividades nos sintamos más energizados que cansados. De este modo, surge el fenómeno de la realización personal en la actividad del trabajo, que puede transformarse en una de las experiencias más significativas para el ser humano.4

El trabajo creativo es una expresión de la emancipación del trabajo, de su desenajenación. El trabajo deja de ser aquí un trabajo forzado. Y es también la forma de trabajo que adquiere un aspecto genuinamente humano, personal, contrastando con la “impersonalidad” del trabajo capitalista-industrial que tiraniza al hombre en cuerpo y alma.

El tercer valor de la ética hacker que analizo aquí es el compartir, cuya expresión máxima es el “bien común”, lo que es socialmente necesario. Dos de las tres aportaciones más importantes de los hackers a la cultura contemporánea han sido pensados como un bien común: la internet y el sistema operativo GNU/Linux. Los hackers consideran que estos bienes son de una índole intelectual, es decir, son conocimiento humano, y el conocimiento no debe tener dueños, sino que existe para el beneficio de la humanidad en general. Además, saben que en su mismo origen es algo colectivo, puesto que nadie inventa una nueva idea desde sí mismo, sin una base de conocimiento creado por otros. Así que lo que viene de la sociedad debe ser devuelto a ella.

La otra gran aportación, la computadora personal, aunque también tiene la virtud de socializar el uso de esta herramienta técnico-comunicativa, tiene el inconveniente de llevar la carga de sostener una empresa (Apple), de mantener lucrativo el negocio. No obstante, podría verse como un primer intento de llevar tecnología electrónica al menor precio posible para el consumidor. Hoy en día, esta lucha la llevan a cabo quienes participan en el movimiento del “hardware libre”.

El espíritu del hackerismo ha inspirado también el compartir como valor esencial en ámbitos ajenos a la informática, como es en la economía colaborativa5, la cual funciona con el apoyo de plataformas web. En esta forma de economía parece que se ha tomado conciencia de que es mejor tener garantizado el “acceso” a los bienes materiales que ser sus “poseedores”, como nos lo sugiere la cultura del consumismo. Acceder a un auto, una casa, un crédito, etc., y todo ello sin las trampas de la renta capitalista, sino buscando el beneficio de la comunidad, puede ser tan gratificante como el tener esos bienes. Una economía basada primordialmente en el compartir, sin ser socialista, podría ser el fin al que tiende toda sociedad guiada por el espíritu o la ética hacker.

La ética hacker, esbozada aquí a grandes pinceladas en los valores de la libertad, el trabajo creativo y el compartir, hace sentir la fuerza de su presencia en el mundo contemporáneo en las instituciones económicas emergentes. La rapidez con la que estas instituciones van apareciendo y reemplazando a las tradicionales del capitalismo industrial nos sugiere algo más que su inmediata victoria; nos plantea un largo futuro para dichas instituciones.

Al mismo tiempo, en países como los de nuestra América Latina, nos plantea el problema de dirigir concientemente los cambios socioculturales conducentes a este espíritu de la ética hacker. Según lo que he planteado aquí, la libertad parece ser el valor fundamental, puesto que está presente en el trabajo creativo y en el compartir. El trabajo creativo es también un trabajo libre: es un ejercicio autónomo del pensar y del actuar que transforma nuestro entorno. Igualmente, una economía colaborativa, basada en compartir bienes en vez de poseerlos, requiere de una elevada conciencia social, una sólida confianza en el otro y en la comunidad.

Notas:

1. Spinoza, B. Ética. Parte I, Def. 7.

2. Graham, P. Hackers y pintores.

3. Himanen, Pekka. La ética hacker. Conferencia dictada el 20 de noviembre de 2012.

4. Ídem.

5. Cf. Cañigueral, A. Vivir mejor con menos.


Bibliografía.

1. Cañigueral, Albert. Vivir mejor con menos. Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U. Barcelona. 2014. Link: http://filosofiapractica.no-ip.org/pdf/Vivir-mejor-con-menos.pdf

2. Graham, Paul. Hackers y pintores. Mayo de 2003. Link: http://www.paulgraham.es/ensayos/hackers-y-pintores.html

3. Himanen, Pekka. La ética hacker. Conferencia dictada el 20 de noviembre de 2012. Link: http://globalizacionydemocracia.udp.cl/wp-content/uploads/2014/03/PEKKA_HIMANEN_2012.pdf

4. Spinoza, Baruch. Ética. Trotta. Barcelona. 2005.






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