Filosofía Práctica

El Quijote


La Economía Colaborativa



Mauricio Enríquez Zamora

11 de octubre de 2016





Luego de la caída del “Socialismo real soviético” en el mundo occidental ha emergido por un tiempo la creencia de que el capitalismo es la única forma viable de cultura y sociedad. Más de veinte años nos han venido a demostrar que no es así, pero no ha surgido tampoco un nuevo modelo que se proponga sustituirlo. Al menos no en el plano teórico, porque en el práctico parece haber una alternativa que poco a poco va adquiriendo mayor fuerza. Se trata de la “economía colaborativa”.

Vivir mejor con menos es un libro de Albert Cañigueral distribuido bajo la licencia Creative Commons, en el cual se expone de manera muy amena las características de esta “economía colaborativa”. El autor es uno de los referentes de este movimiento en el mundo de habla hispana. Pero, ¿qué es la economía colaborativa? En las siguientes líneas expondré este concepto reseñando el texto ya mencionado.

En términos generales, la economía colaborativa a que se refiere Cañigueral es la que se fundamenta en la compartición de bienes y servicios entre ciudadanos particulares, de una manera directa. Esta forma de economía genera nuevas relaciones económicas en torno a estructuras institucionales informales, al no estar contempladas aún en el marco legal de los países en que se producen, pero que tienen una influencia real en el bienestar de la ciudadanía. La empresa o la banca tradicionales, por ejemplo, resultan inadecuadas en la economía colaborativa: en su lugar han aparecido ya plataformas de consumo colaborativo, la financiación colectiva o los bancos de tiempo, por dar sólo algunos ejemplos. Veamos las características de algunas de estas nuevas “instituciones”.

Un ejemplo de plataforma de consumo colaborativo es Uber, a través de la cual (con aplicaciones en android o iPhone) se da y se recibe servicio de trasporte dentro de la ciudad, como si de un taxi se tratara, pero con ciudadanos comunes que comparten los trayectos en su coche para tener ingresos extra. El beneficio de este tipo de servicio sería económico y social al propiciar un mayor acceso a la movilidad a las clases media y baja por un precio menor. Aunque tiene también su lado polémico, al afectar al gremio de los taxistas… Y no está de más decir que contribuye a disminuir la contaminación. Blablacar es otro ejemplo de consumo colaborativo en la movilidad, pero para trayectos de viaje entre ciudades.

Por otro lado, existe también el llamado crowfunding o financiamiento colectivo. Es una forma de colaborar con apoyo económico en proyectos presentados por ciudadanos, a través de donaciones o también recibiendo alguna recompensa a cambio. Una de las plataformas más importantes en este rubro es goteo.org, de España.

Los bancos de tiempo son otra forma de colaboración. En este caso se intercambian servicios sin mediación del dinero, sino que se miden o valoran por el tiempo dedicado a su realización.

Son más conocidas las plataformas de compra de artículos de segunda mano: segundamano.com o mercadolibre.com. Estos sitios generan miles de anuncios diariamente y son visitados por millones de usuarios cada mes. Lo que nos revela que esta forma de intercambiar bienes es una realidad ya presente en nuestro estilo de vida.

Existen muchos más ejemplos que el lector podrá encontrar en el libro. Teniendo en cuenta los que he presentado, estoy aludiendo a dos de lo que Cañigueral llama los “bloques de la economía colaborativa”: 1) consumo colaborativo, 2) movimiento "constructor" y "producción par", 3) finanzas participativas y capital distribuido, 4) conocimiento abierto. Me he referido al consumo colaborativo y la financiación, pero estos no serían posibles sin la compartición del conocimiento y el desarrollo de habilidades productivas con las que los ciudadanos puedan sentirse creadores de valor, de un valor que sea reconocido socialmente. Así:

En un extremo utópico, puedes llegar a ver un mundo sin intermediarios: la economía colaborativa como el sistema dominante donde las relaciones entre pares que se tratan como iguales (peer-to-peer) son la norma habitual. Una sociedad en la que las personas se organizan voluntariamente para crear un valor en común. Una economía directa y distribuida, donde el acceso ha desplazado a la propiedad, y donde han caído las barreras entre la producción y el consumo.(Cañigueral, p. 141)

¿Qué tipo de personas son quienes hacen posible esta economía colaborativa? Las personas que comparten lo hacen por el beneficio económico (tanto para los comsumidores, al acceder a productos o servicios baratos, como para los productores al ganar dinero extra), pero también por causas afectivas, al sentirse parte de una comunidad, y ayudar al medio ambiente. Son personas en su mayoría de clase media o media alta, jóvenes y con una avanzada cultura digital, capaces de dar y generar confianza a los desconocidos. Puede estimarse que un 75% de la población europea ha participado en este tipo de economía, compartiendo algún bien o servicio.

Actualmente, las instituciones tradicionales (empresa, bancos, etc.) se oponen al avance de este tipo de economía ciudadana basada en el compartir. Pero, según Cañigueral, algunas de ellas se han dado cuenta del potencial imparable que significa la economía colaborativa y han decidido mejor participar, unirse a ellas a través del financiamiento. El autor considera, sin embargo, que la mejor forma de participar consiste en adoptar el modelo de empresa que se sigue en esta economía alternativa, “imitando su funcionamiento”.

El autor califica a este movimiento como un “Renacimiento”, en vez de una “Revolución”. Este último término suele ser empleado para designar cambios vertiginosos y radicales a través de la toma del poder político, pero lo que aquí sucede es un “empoderamiento social” del ciudadano como productor de valor, lo cual ocurre de una manera lenta, en medio de la cotidianidad. Y el cambio, por lo que se ha dicho hasta ahora, opera sobre las instituciones sociales, particularmente el “trabajo”:

El primer problema que a uno le viene a la cabeza cuando aprende acerca del consumo colaborativo es el del trabajo asalariado y el decrecimiento económico medido en base al PIB. Una economía basada en el uso implica menos oportunidades de empleo ligadas a la producción. En una sociedad colaborativa, el volumen de fabricación, especialmente de bienes de consumo, caerá y, con él, el empleo en las industrias asociadas. Es importante, por tanto, pensar dónde están los nichos de empleo en la sociedad colaborativa y cómo la economía colaborativa exige repensar y reconfigurar la visión y el modelo actual del trabajo remunerado, igual que el tratamiento y la consideración del trabajo no remunerado. (Cañigueral, p. 164.)

Ciertamente, el hiperconsumo que caracteriza a la sociedad capitalista actual conlleva una producción inaudita de mercancías, valorando mejor a las sociedades con mayor Producto Interno Bruto (PIB). La economía colaborativa está basada en el uso compartido de las mercancías producidas, por lo que sí tendería a frenar el consumismo. Pero también plantea el problema de la revalorización, y su consiguiente resignificación, del trabajo informal y formal. Y esto implica una lucha que tendrá que impulsar la misma ciudadanía frente al estado, por lo que no es posible que lleve su movimiento socio-cultural de un modo apolítico, aunque sí apartidista. Esta necesidad de participación política puede resultar un problema en las sociedades de poca cultura democrática.

Por último, Cañigueral nos habla de la “Ciudad Colaborativa”, como el espacio idóneo para que este modelo de sociedad se desarrolle: “Está llena de espacios públicos y privados sin usar, y miles de coches estacionados todo el día ocupando las calles. En casa de la gente hay millones de herramientas, libros, bicicletas, ropa, etc., y la cosa se pone aún más interesante si hablamos del dinero, las habilidades, o incluso del tiempo.” (Cañigueral, p. 177) Un derroche de recursos que un ciego egocentrismo consumista nos impide aprovechar.


BIBLIOGRAFÍA

Cañigueral, Albert. Vivir mejor con menos. Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U. Barcelona. 2014.






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