Filosofía Práctica

El Quijote


La Gran Belleza



Edén García Retamoza

18 de septiembre de 2016





“La belleza es aún más difícil de explicar que la felicidad”
Simone de Beauvoir


El cine como herramienta hermenéutica intenta dilucidar y reflejar aspectos que se encuentran escondidos entre líneas o en lo más profundo de la mente humana. Muestra formas de la realidad, el reflejo de una cultura, de una sociedad. Podríamos denominarlo el arte de lo real. Su lenguaje es creación y configuración de imágenes, que le proporcionan al espectador la posibilidad de conocer nuevos mundos, mismos que le permitirán transformar el suyo.

La Gran Belleza, obra que me permito analizar en las siguientes líneas, da muestra de esta versatilidad, de este reflejo que se encuentra en la psique humana. Momentos de vacuidad, decadencia, belleza, arrogancia y más son el resultado de un trabajo pensado en las bellas artes, en la contradicción humana, en la dualidad apolínea y dionisiaca.

Paolo Sorrentino encargado de dirigir esta obra, expone y despliega su fuerza visual en el mundo de Jep Gambardella (Toni Servillo), un escritor cínico e irónico, que ha logrado un éxito editorial gracias a su novela “El aparato humano”, misma que le ha permitido vivir en la élite italiana. Su trabajo como periodista lo ha llevado a conocer a las celebridades más excéntricas. Su conducta parece provenir del entorno en el que su novela dio origen, “la nostalgia de un amor de juventud” que evidentemente lo dejó afectado y al parecer, motivo determinante para el camino banal que ha de llevar.

“Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación. El resto no son sino decepciones y fatigas. Nuestro viaje es por entero imaginario. A eso debe su fuerza. Va de la vida a la muerte. Hombres, Animales, ciudades y cosas, todo es imaginado. Es una novela, una simple historia ficticia. Lo dice Littré, que nunca se equivoca. Y, además, que todo el mundo puede hacer igual. Basta con cerrar los ojos. Está del otro lado de la vida” Louis-Ferdinand Celine, Viaje al fin de la noche.

Con esta cita Sorrentino da entrada a su obra, seguida de una imponente música desde la colina Romana Janículo. A lo largo del film, la música juega un papel importante, Sorrentino destruye el Leitmotiv1 como identificación, como lo sugería Adorno y Eisler, y construye y eleva el acontecer teatral con cada pieza, misma que se encuentra justificada visualmente, conduciendo al espectador a un estado de ánimo determinado.

Las tomas con luz natural dan un aspecto irreal, dulcifica y mitifica a manera de cuento de hadas la fotografía. La composición es fastuosa, exposición de una Italia, como el titulo propone, de gran belleza, llena de toques cálidos y sombríos colocados de manera estratégica, sorprendiendo con una fuerza visual imponente. El encuadre mantiene cierta profundidad connotando la unidad del espacio. De esta manera Sorrentino permite al espectador, concentrar su atención de forma más libre y captar así mayormente la lectura visual, con la intención de adentrarse más allá de lo expuesto y prolongarse por más tiempo en sus mentes.

La personalidad de Jep se desarrolla a través de sus amigos; la infancia, a través de la directora y editora del periódico para quien trabaja; la muerte, en Ramona una mujer con aspiración a bailarina exótica; lo religioso, a través de la monja santa.

“De vez en cuando un amigo tiene el deber de hacerle sentir al otro como cuando era niño.”

Gambardella es un símbolo del paso del tiempo, de la incesante repetición. Un ser melancólico, “ciego”, incapaz de ver la belleza que se encuentra a su alrededor. Perdido entre pláticas absurdas y banales, su vida dionisiaca se muestra como la propia tragedia, un aniquilamiento del recuerdo. Pero es un ser aferrado a la vida, a sabiendas que la tragedia es inevitable, mantiene ese espacio de ilusión. “Mediante una ilusión extendida sobre las cosas de la ávida voluntad encuentra siempre un medio de retener a sus criaturas en la vida y de forzarlas a seguir viviendo” Nietzsche, El nacimiento de la tragedia.

“De pequeños, a esta pregunta mis amigos daban siempre la misma respuesta: La vagina. Pero yo respondía: el olor de las casa de los viejos. La pregunta era: ¿Qué es lo que realmente te gusta más en la vida? Estaba destinado a la sensibilidad. Estaba destinado a convertirme en escritor. Estaba destinado a convertirme en Jep Gambardella.”

Entendiendo la vida desde la perspectiva kierkegariana, Jep, ha elegido la vida estética, esa vida en busca del placer inmediato, una especie de hedonismo refinado. Es en esa incesante búsqueda de la belleza que por momentos se ve sumergido en una desesperación, ya no es posible, según sus propias palabras, perder tiempo en cosas que no le son de interés. La angustia, lo hace consciente de lo eterno, momentos que lo llevan a perderse en el espejo de la ilusión. Al parecer su satisfacción se ha reducido a un vivir mecánico, que al mismo tiempo contradice esos eventos que le proporcionan placer. Lo único que permanece es esa tenaz nostalgia de su inocencia, que asocia a algo totalmente fuera de su cognición, a la beatitud. Es en ese estado de beatitud, donde la suspensión y tranquilidad parecen ser posibles. Su encuentro con la monja parece guiarle por un camino beato, sin llegar a ser trascendente realmente.

“El descubrimiento más consistente que he hecho tras cumplir 65 años es que no puedo perder tiempo en hacer cosas que no quiero hacer”.

Esa intrascendencia de la vida en el “mundo” de la clase alta, es el reflejo que señalaba Albert Camus en El mito de Sísifo, esa “aspiración a la nada”. Es la lucha constante contra ese aumento de la intensidad de las sensaciones en las que Gambardella encuentra el símbolo entre la vida y la muerte.

La conciencia de la muerte es el llamamiento de la inquietud y la "existencia se dirige entonces un llamamiento a sí misma por medio de la conciencia". Es la voz misma de la angustia y exhorta a la existencia a que "se recupere ella misma de su pérdida en el 'se' anónimo" Albert Camus, El mito de Sísifo, los muros absurdos.

El director se encarga de trazar la vida contemporánea como un terreno de falsedad, carente de afecto a aquello que hace que el paso de la vida por el mundo sea de vital importancia. Es en principio un boceto trazado bajo un enfoque pesimista, que conforme transcurre el film, va dando paso a la esperanza. Sorrentino logra que la audiencia haga uso del pensamiento como autorreflexión sobre la capacidad de transformar y mejorar el transcurrir por la vida, el mejoramiento de su entorno. La cinta expone una ominosa embestida de verdad, fusionada con un humanismo tragicómico logrando que el espectador se acerque a la finitud de algunos personajes.

Así, La Gran Belleza es un film que enfrenta y concilia a la nostalgia con el olvido, a la fiesta con la tragedia, todo, a través de una elegante narrativa. La increíble muestra de los movimientos de cámara hace más dinámica la lectura visual, bailando al son de las imágenes, haciendo de estas unidades de opuestos una narrativa potente, un homenaje a Italia, a Roma, la ciudad del mundo, como un himno al transcurrir del tiempo y un reconocimiento al arte en general.

En conclusión, La Gran Belleza es un homenaje a la pregunta por el sentido de la vida, encuentra belleza en la finitud, en los paisajes, en la melancolía, la nostalgia y hace un recorrido por la memoria, ese acumulamiento de momentos que le dan sentido al protagonista para seguir viviendo, siendo consciente de lo inevitable, la muerte.

“Termina siempre así, con la muerte. Pero antes, hubo vida. Escondido debajo el bla, bla, bla, bla. Y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido. El silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo. Los demacrados, caprichosos destellos de belleza. Y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo. Bla, bla, bla, bla. Más allá, está el más allá. Yo no me ocupo del más allá. Por tanto, que esta novela dé comienzo. En el fondo, es sólo un truco. Sí, es sólo un truco.


NOTAS:

1. m. Tema musical dominante y recurrente en una composición. Motivo central o asunto que se repite, especialmente de una obra literaria o cinematográfica.

Bibliografía

1.- El Cine y La Música, Hanns Eisler, Theodore Adorno.

2.- El Nacimiento de la Tragedia, Friedrich Nietzsche

3.- El mito de Sísifo, Albert Camus

4.- ¿Qué es el cine?, André Bazin

5.- Kierkegaard, Etapas del camino de la vida






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